Panamá recuerda 49 años del tratado que selló el fin de la Zona del Canal
A casi cinco décadas de la firma del acuerdo entre Panamá y Estados Unidos, el país centroamericano conmemora el pacto que marcó el inicio de la devolución progresiva del Canal y estableció su condición de neutralidad permanente.

Panamá conmemoró un nuevo aniversario de la firma de los Tratados Torrijos-Carter, el acuerdo bilateral que hace 49 años sentó las bases jurídicas para poner fin a la administración estadounidense sobre el Canal y devolver progresivamente su control a manos panameñas. La efeméride, celebrada cada año en el país centroamericano, recuerda uno de los episodios más significativos de la historia diplomática de la región durante el siglo XX.
El tratado permitió eliminar la antigua Zona del Canal, una franja de territorio que durante décadas estuvo bajo jurisdicción estadounidense y funcionaba prácticamente como un enclave separado dentro del propio territorio panameño, con sus propias leyes, moneda y administración. La desaparición de esa zona fue uno de los reclamos históricos más sostenidos por distintas generaciones de panameños, que consideraban esa presencia como un vestigio de un ordenamiento colonial dentro de su propio país.
Además de poner fin a esa jurisdicción especial, el acuerdo estableció un cronograma de transferencia gradual de la operación de la vía interoceánica, que culminó finalmente el 31 de diciembre de 1999, cuando Panamá asumió el control total del Canal. Ese proceso escalonado buscó garantizar una transición ordenada en materia técnica, operativa y de seguridad, evitando interrupciones en el funcionamiento de una de las rutas comerciales más relevantes del planeta.
Uno de los aspectos más trascendentes del pacto fue la fijación del régimen de neutralidad permanente del Canal, un estatuto que garantiza el acceso a la vía interoceánica a todas las naciones en igualdad de condiciones, tanto en tiempos de paz como de conflicto. Esta cláusula continúa vigente en la actualidad y constituye uno de los pilares sobre los que se sostiene el funcionamiento internacional de la ruta marítima.

El Canal de Panamá conecta el océano Atlántico con el Pacífico y es utilizado por miles de embarcaciones cada año, convirtiéndose en una pieza clave del comercio marítimo mundial. Por esa vía transita una porción significativa del intercambio comercial entre Asia, la costa este de Estados Unidos y América Latina, lo que explica por qué su control ha sido, históricamente, un asunto de alta sensibilidad geopolítica.
El contexto en el que se firmó el tratado, a mediados de la década de 1970, estuvo marcado por un clima de fuertes tensiones nacionalistas en Panamá y por presiones diplomáticas sostenidas durante años para modificar el estatus impuesto a comienzos del siglo XX, cuando Estados Unidos obtuvo derechos sobre la construcción y administración de la vía interoceánica. La firma del acuerdo representó, en ese sentido, un giro histórico en la relación bilateral entre ambos países.
El asunto del Canal ha vuelto a cobrar relevancia en los últimos años dentro del debate político estadounidense, luego de que Donald Trump cuestionara públicamente en distintas ocasiones el control panameño sobre la vía y sugiriera revisar los términos históricos del traspaso, lo que generó fuertes reacciones tanto en Panamá como en otros países de la región. Esas declaraciones reavivaron un debate que muchos consideraban saldado desde hace más de dos décadas.
Para la comunidad latinoamericana y particularmente para los ciudadanos panameños residentes en Estados Unidos, la fecha conserva un fuerte valor simbólico, ya que representa un capítulo central de la soberanía nacional y de la construcción de una identidad política propia frente a una potencia con la que Panamá mantiene, al mismo tiempo, vínculos comerciales y diplomáticos estrechos.
Cada aniversario de la firma del tratado suele ser ocasión para actos oficiales, discursos institucionales y análisis sobre el rol estratégico que continúa teniendo la vía interoceánica en la economía global, en un escenario donde el comercio marítimo y las rutas logísticas cobran cada vez mayor peso frente a las tensiones comerciales internacionales.
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