Por qué recibir a tu perro con euforia puede perjudicar su salud emocional, según un experto
El adiestrador canino Enric Rodríguez advierte que saludar a las mascotas con excesiva efusividad al llegar a casa puede generar ansiedad y estrés, y explica por qué la calma es la clave para su bienestar.

El adiestrador canino Enric Rodríguez encendió las alarmas entre los dueños de mascotas al cuestionar una costumbre que muchos consideran inofensiva e incluso cariñosa: recibir al perro con gritos de emoción, abrazos efusivos y un entusiasmo desbordado apenas se cruza la puerta de casa. Según explicó, este gesto que parece un simple acto de amor puede tener un efecto contrario al deseado en el estado emocional del animal.
El especialista comparó esta forma de saludo con "volver de la guerra", una metáfora que busca ilustrar el nivel de sobreexcitación que muchas personas transmiten a sus mascotas sin darse cuenta. Para Rodríguez, esa descarga emocional repentina no calma al perro, sino que lo activa de una manera que puede resultar perjudicial para su equilibrio psicológico a largo plazo.
El adiestrador sostiene que la clave para un reencuentro saludable está en la neutralidad emocional. En lugar de responder a la ansiedad de espera del perro con más excitación, recomienda mantener una actitud tranquila y pausada, evitando el contacto visual directo y las caricias inmediatas hasta que el animal se calme por sí solo. Esta técnica, explica, ayuda a que la mascota entienda que las llegadas y las salidas no son eventos extraordinarios sino parte de la rutina diaria.
De acuerdo con el especialista, cuando el dueño refuerza la sobreexcitación con gritos de alegría, saltos o juegos inmediatos, en realidad está premiando un estado de ansiedad en el perro. Con el tiempo, esta dinámica puede derivar en comportamientos problemáticos como ladridos excesivos, destrozos en el hogar durante las ausencias o incluso cuadros de estrés crónico que afectan la salud general del animal.

Este tipo de recomendaciones se enmarca en un enfoque cada vez más extendido entre los especialistas en comportamiento animal, que ponen el foco en el bienestar emocional de las mascotas por encima de las tradiciones o costumbres arraigadas. La etología canina moderna sostiene que los perros, como especies sociales, son altamente sensibles al estado emocional de sus dueños y tienden a reflejar o amplificar esas energías, por lo que la forma en que los humanos gestionan sus propias emociones tiene un impacto directo en la conducta de sus mascotas.
En Estados Unidos, donde según estimaciones de la industria de mascotas más de 60 millones de hogares conviven con al menos un perro, el interés por el bienestar animal y la salud mental de las mascotas ha crecido de forma sostenida en la última década. Cada vez es más común que los dueños consulten a adiestradores certificados, etólogos o veterinarios especializados en comportamiento para abordar problemas como la ansiedad por separación, uno de los trastornos más frecuentes en perros que pasan largas horas solos mientras sus dueños trabajan.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, este tipo de consejos resultan especialmente relevantes, ya que las mascotas suelen ocupar un lugar central en la vida familiar y muchas veces se convierten en compañía durante los largos procesos de adaptación a un nuevo país. Entender que el afecto no siempre debe expresarse con efusividad, sino también con calma y consistencia, puede ayudar a mejorar la convivencia diaria y reducir el estrés tanto de las mascotas como de sus dueños.
Los especialistas coinciden en que modificar hábitos tan arraigados como el saludo efusivo no es sencillo, ya que suele ser una reacción espontánea y genuina de alegría por parte del dueño. Sin embargo, remarcan que pequeños cambios sostenidos en el tiempo, como esperar unos minutos antes de interactuar con el perro o mantener un tono de voz bajo al llegar, pueden marcar una diferencia significativa en el temperamento general del animal.
Finalmente, Rodríguez insiste en que educar a un perro no se trata únicamente de enseñarle órdenes básicas, sino de comprender su mundo emocional y adaptar las rutinas del hogar para favorecer su estabilidad psicológica. En ese sentido, la forma en que se gestionan los momentos de reencuentro diario, lejos de ser un detalle menor, puede convertirse en una herramienta clave para prevenir problemas de comportamiento y fortalecer el vínculo entre humanos y mascotas.
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