Tomás Mazza rompió el silencio sobre su salud mental: "Me cuesta salir de la cama"
El influencer argentino, seguido por millones de personas en redes sociales, contó cómo conviven la depresión y el trastorno obsesivo compulsivo con su rutina como creador de contenido.

El creador de contenido argentino Tomás Mazza, una de las figuras más seguidas de las redes sociales en habla hispana, decidió abrir su intimidad ante millones de seguidores para hablar de un tema que suele quedar oculto detrás de las pantallas: su salud mental.
En una serie de declaraciones que rápidamente se viralizaron, el influencer confesó que atraviesa cuadros de depresión y trastorno obsesivo compulsivo (TOC), y describió con crudeza el impacto que estas condiciones tienen en su día a día. "Me cuesta salir de la cama", admitió, en una frase que resume la dificultad de sostener una rutina productiva mientras se lidia con un malestar emocional profundo.
Mazza explicó que, pese a la imagen de éxito y constancia que proyecta en sus plataformas, detrás de cada publicación hay jornadas atravesadas por la angustia y la falta de energía. Esta confesión pública contrasta con la exposición permanente que exige su trabajo, y pone en evidencia una tensión que muchos creadores de contenido enfrentan en silencio.
El testimonio del influencer se suma a una tendencia creciente entre figuras públicas jóvenes que utilizan su alcance mediático para visibilizar problemáticas de salud mental, un tema que históricamente estuvo rodeado de estigma y silencio, especialmente en el ámbito hispanohablante.

En los últimos años, la salud mental dejó de ser un tabú para convertirse en un tema central de conversación pública, impulsado en parte por la pandemia de COVID-19, que agravó los niveles de ansiedad y depresión a nivel global. Organismos como la Organización Mundial de la Salud han señalado un aumento sostenido de trastornos como la depresión y el TOC, particularmente entre adolescentes y adultos jóvenes, la misma franja etaria que consume y produce contenido digital de manera masiva.
Para la comunidad latina, tanto en América Latina como en Estados Unidos, este tipo de testimonios cobra una relevancia particular. El acceso a tratamientos de salud mental suele ser limitado, ya sea por barreras económicas, culturales o de idioma, y persisten prejuicios que dificultan que las personas busquen ayuda profesional. Que figuras con enorme llegada entre jóvenes hablen abiertamente de sus diagnósticos puede contribuir a reducir ese estigma y alentar a otros a consultar a especialistas.
El caso de los influencers agrega además una capa particular al debate: la exposición constante en redes sociales, la presión por generar contenido de forma ininterrumpida y la exigencia de mostrar una vida aparentemente perfecta han sido señaladas por expertos como factores que pueden agravar cuadros de ansiedad y depresión en quienes trabajan en el ecosistema digital.
El trastorno obsesivo compulsivo, por su parte, es una condición que suele ser malinterpretada o banalizada en la cultura popular, muchas veces reducida a manías o rutinas de orden. Sin embargo, se trata de un cuadro clínico que puede generar pensamientos intrusivos y comportamientos repetitivos que interfieren de manera significativa en la vida cotidiana de quien lo padece, tal como relató Mazza en su testimonio.
La repercusión que generó la confesión del influencer también reabre el debate sobre la responsabilidad de las plataformas digitales y de la industria del entretenimiento a la hora de acompañar la salud mental de sus creadores más expuestos, un colectivo que rara vez cuenta con estructuras de contención formal pese a estar sometido a una demanda constante de atención y validación pública.
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