Una escritora reflexiona sobre el trauma generacional tras un susto que casi le cuesta la vida en su propia casa
Marta Jiménez Serrano relata cómo un episodio inesperado un sábado cualquiera la llevó a repensar el trauma, la crisis de la vivienda y la incertidumbre que atraviesa a toda una generación.

La escritora española Marta Jiménez Serrano compartió un relato personal que rápidamente generó eco entre lectores de distintas edades: el de un sábado aparentemente normal en el que estuvo a punto de morir en su propia casa sin siquiera percatarse en el momento de la gravedad de lo que le sucedía. A partir de esa experiencia, la autora construyó una reflexión más amplia sobre el trauma y las condiciones de vida que atraviesan a su generación.
En su testimonio, publicado a través de BBC Mundo, Jiménez Serrano no se detiene únicamente en el episodio físico que vivió, sino que lo utiliza como punto de partida para hablar de algo mucho más estructural: la sensación de fragilidad constante que atraviesa a quienes crecieron en medio de crisis económicas sucesivas, alquileres impagables y la falta de certezas sobre el futuro.
El relato pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando el cuerpo avisa de un peligro real, pero la mente está tan acostumbrada a vivir en alerta permanente que no logra distinguir una emergencia genuina del malestar cotidiano? Para la autora, esa confusión no es casual, sino el resultado de años acumulando estrés crónico vinculado a la precariedad.
La crisis de la vivienda aparece como uno de los ejes centrales de su reflexión. En España, como en buena parte de América Latina y también en Estados Unidos, varias generaciones jóvenes enfrentan un mercado inmobiliario donde comprar una casa propia se volvió una meta cada vez más lejana, y donde incluso alquilar exige destinar una porción desproporcionada de los ingresos mensuales.
Este fenómeno no es exclusivo de un país: en las principales ciudades latinoamericanas, desde Ciudad de México hasta Buenos Aires, y en metrópolis estadounidenses con alta población latina como Miami, Los Ángeles o Nueva York, los precios de alquiler han crecido muy por encima de los salarios en la última década. Esto generó una generación de adultos que, pese a tener empleo estable, no logra proyectar una vida a largo plazo.

Esa incertidumbre material, sostienen especialistas en salud mental, no queda aislada en lo económico: se traduce en ansiedad, insomnio y una sensación de alerta permanente que puede manifestarse incluso en síntomas físicos. Es justamente ese cruce entre lo psicológico y lo corporal el que atraviesa el relato de Jiménez Serrano, cuando describe cómo un malestar real pasó casi inadvertido en medio de la rutina.
El texto también invita a pensar en cómo el trauma generacional no siempre proviene de un hecho puntual y dramático, sino de la acumulación silenciosa de pequeñas inseguridades: no saber si se podrá pagar el alquiler el próximo mes, no tener certeza sobre la estabilidad laboral, o posponer indefinidamente decisiones de vida como formar una familia o comprar una vivienda.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, estas problemáticas resuenan de manera particular. Muchos inmigrantes y descendientes de inmigrantes enfrentan simultáneamente la precariedad habitacional, la falta de acceso a coberturas de salud mental asequibles y el estigma cultural que todavía rodea a la búsqueda de ayuda psicológica, lo que profundiza esa sensación de estar “aguantando” sin espacio para procesar el malestar.
El relato de Jiménez Serrano, aunque parte de una experiencia individual, funciona como espejo de una discusión colectiva que crece en distintos países: la necesidad de nombrar el impacto psicológico de vivir en condiciones de inestabilidad prolongada, y de dejar de considerar la ansiedad o el agotamiento como simples efectos secundarios normales de la vida adulta.
Su historia, finalmente, deja abierta una pregunta que excede lo personal: cuánto de lo que hoy se vive como malestar individual —insomnio, cansancio, alerta constante— es en realidad síntoma de un problema compartido por millones de personas que atraviesan la misma crisis de vivienda, de trabajo y de futuro.
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